Pruebas no solicitadas y el consentimiento informado del paciente

Patient signing consent form at doctor's office with physician

La práctica que nadie discute

En algunos laboratorios clínicos españoles se ha extendido una práctica que se presenta como una mejora al servicio al paciente: añadir automáticamente determinadas pruebas a peticiones rutinarias sin que el médico las haya solicitado y, sobre todo, sin que el paciente tenga constancia de ello. Por ejemplo, añadir la determinación de calcio para detectar un hiperparatiroidismo primario oculto ó glicohemoglobina A1c (HbA1c) para diagnosticar prediabetes o diabetes silentes.

La justificación habitual es que el paciente ya está en ayunas, la muestra ya está extraída, el coste marginal es mínimo y la enfermedad silente que podría detectarse es tratable y relevante. ¿Cuál es el problema?

El problema es que el consentimiento informado del paciente no ha sido solicitado. Y que esa omisión no es un mero detalle del procedimiento, sino una vulneración de un derecho de autonomía del paciente explícitamente reconocido por la ley española y por el derecho internacional.

Este artículo pretende exigir el mismo rigor ético y legal que aplicaríamos a cualquier intervención sanitaria.

Tres situaciones éticas distintas

La literatura anglosajona ha desarrollado una terminología precisa que en España apenas se usa. Conviene adoptarla.

Reflex testing (pruebas reflejas): adición automática de una segunda prueba cuando el resultado de la primera supera un punto de corte establecido. Una TSH fuera del rango de referencia desencadenaría la realización de una T4 libre. Éticamente, la segunda prueba es una extensión lógica en el estudio de la primera y necesaria para interpretar el resultado.

Reflective testing (pruebas reflexivas individuales): adición discrecional de pruebas por parte de un facultativo del laboratorio que, al revisar los resultados de un caso concreto, considera que una determinación adicional aportaría valor diagnóstico para ese paciente. La ferritina elevada en un varón joven que sugiere un posible estudio de hemocromatosis es el ejemplo clásico. Paterson & Paterson definieron el término en 2004 y describieron su práctica durante un año: encontraron un 18,7% de saturaciones de transferrina elevadas y un 23,1% de déficits de vitamina D entre las pruebas añadidas reflexivamente, identificando pacientes con hemocromatosis hereditaria y déficit de vitamina D no sospechados. DOI

Escrutinio oportunista sistemático: adición programada a todas las muestras de una población que cumple criterios demográficos (edad, sexo, frecuencia temporal), independientemente del motivo de consulta y de la sospecha clínica del médico. Calcio e HbA1c cada cinco años son los ejemplos más habituales en algunos laboratorios españoles.

Esta distinción es importante porque no es lo mismo llevar a cabo pruebas reflejas, pruebas reflexivas individuales o un escrutinio oportunista sistemático.

Lo que dice la evidencia científica

La evidencia sobre las pruebas reflexivas individuales procede fundamentalmente de los Países Bajos y del Reino Unido. Dos trabajos son especialmente relevantes.

Verboeket-van de Venne et al. revisaron en 2012 los estudios publicados hasta entonces y concluyeron que las pruebas reflexivas individuales mejoraron el diagnóstico, que los médicos de atención primaria lo valoran positivamente (con tasas de aprobación del 78-99% en las encuestas disponibles), y que los pacientes lo aceptan de forma mayoritaria. Sin embargo, señalaron que como la evidencia científica era escasa, se necesitaban ensayos clínicos aleatorizados posteriores para establecer su verdadero valor. DOI

Ese ensayo llegó en 2020. Oosterhuis et al. aleatorizaron 270 pacientes de atención primaria: en el grupo intervención, el laboratorio añadía pruebas e incluía comentarios interpretativos cuando el especialista lo consideraba oportuno; en el grupo control, el médico solo recibía el informe con solo los resultados solicitados. La adecuación fue del 70% en el grupo intervención frente al 47% en el grupo control (p < 0,001). En el 84% de los casos, las pruebas reflexivas fueron juzgadas útiles por el panel evaluador. DOI

Srivastava et al. analizaron la eficiencia de distintos protocolos para las pruebas reflejas y las pruebas reflexivas individuales. Mostraron que el rendimiento diagnóstico depende sobre todo del punto de corte elegido: un añadido rutinario de las pruebas maximiza las detecciones de casos pero a costa de multiplicar innecesariamente el número de determinaciones, mientras otros puntos de corte más estrictos permitirían un mayor rendimiento diagnóstico. DOI

En cuanto al escrutinio oportunista sistemático de la diabetes, Chan et al. publicaron en 2025 un ensayo clínico aleatorizado en atención primaria de Hong Kong comparando la HbA1c capilar en punto de atención frente a la determinación venosa estándar. La tasa de aceptación fue muy superior con la capilar (76% frente al 37,5%), y la detección de diabetes fue del 4,2% frente al 1,4%. DOI

La evidencia científica, en conjunto, apoya la utilidad clínica tanto de las pruebas reflexivas individuales como del escrutinio oportunista sistemático. Lo que no resuelve es si su utilidad clínica justifica prescindir del consentimiento informado del paciente.

Población no seleccionada: rentabilidad diagnóstica y coste incremental

Es obvio que la eficiencia diagnóstica depende de cómo se define la población diana.

En epidemiología clínica, el valor predictivo positivo de cualquier prueba de escrutinio no depende solo de sus características analíticas —sensibilidad y especificidad— sino de la prevalencia de la enfermedad en la población diana. Cuando se aplica el escrutinio a una población no seleccionada, la prevalencia es menor que en una población de riesgo conocido: el número de casos detectados por cada prueba realizada disminuye y el número de falsos positivos aumenta.

El dato de Chan et al. (2025) es ilustrativo. Su estudio encontró que el número necesario era escrutar 61 personas para detectar 1 caso de diabetes con HbA1c. Pero esa cifra corresponde a adultos identificados como «de riesgo» —con factores clínicos documentados—, no a la población mayores de 45 años sin ningún factor de riesgo. La magnitud del problema es cuantificable. Ginde et al. analizaron el valor predictivo del HbA1c para la detección de diabetes no diagnosticada en la población adulta estadounidense estratificada por grupos de riesgo: en el grupo de riesgo bajo (prevalencia del 0,44%), el punto de corte HbA1c ≥6,1% producía un valor predictivo positivo del 1%. En otras palabras: en un escrutinio de población general sin selección previa de riesgo, 99 de cada 100 resultados positivos serían falsos positivos que generarían evaluación adicional innecesaria. En el grupo de riesgo alto (prevalencia del 11,1%), el mismo punto de corte producía un valor predictivo positivo del 54%. La diferencia entre escrutar con selección de riesgo y sin ella no es desdeñable: es la diferencia entre un programa eficiente y uno que declara positivos a 99 pacientes sanos por cada caso diagnosticado. DOI

Las consecuencias económicas van más allá del coste de la determinación de HbA1c o calcio en sí misma. Cada resultado positivo en un escrutinio oportunista sistemático abre una cascada diagnóstica: confirmación con una segunda determinación, una evaluación clínica especializada, pruebas de imagen en algunos casos, inicio de tratamiento. El coste incremental por caso detectado en una población no seleccionada es significativamente mayor que en poblaciones de riesgo definido, y ese coste no está presupuestado en ningún sitio porque el escrutinio no ha sido planificado y aprobado como tal.

Srivastava et al. (2010) mostraron que el rendimiento de las pruebas reflexivas dependen críticamente del punto de corte elegido: cifras bajas multiplican los falsos positivos sin mejorar el rendimiento diagnóstico en la misma proporción. Este principio se aplica tanto para las pruebas reflexivas —aplicadas sobre un caso concreto— como para el escrutinio oportunista sistemático.

Analizar el escrutinio de cáncer colorrectal ayuda a dimensionar este problema. El programa establece a priori la población objetivo (50-74 años) con un perfil de riesgo epidemiológico definido, utiliza una prueba —el test de sangre oculta en heces inmunológico— con sensibilidad y especificidad evaluadas para esa población en concreto, y ha diseñado los circuitos para la cascada diagnóstica secundaria (colonoscopia). El resultado es que ya ha sido calculado el número de individuos a escrutar, el coste por caso detectado y la tasa de falsos positivos. Sin embargo, el escrutinio oportunista sistemático de HbA1c o calcio no cuenta con una estimación del volumen de individuos a escrutar, la tasa esperada de falsos positivos y el circuito establecido para su atención sanitaria posterior.

El marco legal: lo que dice la Ley 41/2002

La Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente, establece el marco de referencia en España. Su artículo 2.2 afirma con toda claridad: «Toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento de los pacientes o usuarios».

El artículo 4.1 reconoce el derecho de los pacientes a conocer «toda la información disponible sobre cualquier actuación en el ámbito de su salud». Y el artículo 8.1 define el consentimiento informado como «la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud».

La ley permite que el consentimiento sea verbal en la mayoría de los procedimientos diagnósticos no invasivos. Pero eso no equivale a que no sea necesario: equivale a que no hace falta firmarlo. Un paciente que acude a extraerse sangre solicitado por su médico no está consintiendo implícitamente que se le realicen pruebas de escrutinio de diabetes o hiperparatiroidismo.

El marco europeo es aún más explícito. El Convenio del Consejo de Europa para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina (Convenio de Oviedo, 1997), ratificado por España, recoge en su artículo 10.2 un derecho que se suele ignorar en esta discusión: «No obstante, deberá respetarse la voluntad de una persona de no ser informada». El derecho a no saber no es una curiosidad bioética marginal. Es derecho positivo en España.

¿Por qué importa el derecho a no saber en este contexto? Porque la adición sistemática de HbA1c o calcio a la petición de un paciente le expone a resultados que no solicitó y sobre los que no ha expresado ningun consentimiento. Un paciente con antecedentes familiares de cáncer o con una situación vital particular puede tener razones fundadas para preferir no conocer ciertos resultados de laboratorio. El principio de beneficencia no invalida el principio de autonomía del paciente.

La paradoja en la investigación

Es evidente que existe una contradicción real entre los diferentes planteamientos. Los programas de escrutinio poblacional autorizados (cáncer de mama, cáncer colorrectal) invitan al paciente a participar; la investigación clínica requiere consentimiento informado explícito; pero el escrutinio oportunista sistemático por parte del laboratorio clínico parece que no requiere ni uno ni otro.

Esta paradoja no es solo retórica. El ensayo clínico aleatorizado de Oosterhuis et al. de 2020, que es el estudio con mayor rigor metodológico publicado sobre el tema, tuvo que obtener la aprobación de un comité ético para investigar si las pruebas reflexivas individuales mejoran los resultados clínicos. Si necesitamos un comité ético para estudiar si es útil añadir pruebas sin pedir permiso, ¿cómo se justifica hacerlo en la práctica clínica rutinaria sin ningún tipo de consentimiento?

La respuesta habitual —que la investigación tiene finalidad colectiva y la práctica clínica tiene finalidad individual— no resuelve el problema para el escrutinio oportunista sistemático. Cuando un laboratorio añade HbA1c a todas las muestras de adultos mayores de 45 años cada cinco años, no está actuando sobre la indicación clínica individual del médico que solicitó la analítica: está ejecutando una política de salud pública. Y estas políticas tienen, en todos los ámbitos donde se aplican correctamente, un marco de información y consentimiento.

Quién asume la responsabilidad

La literatura anglosajona ha advertido repetidamente sobre un aspecto que en España no se discute: cuando el laboratorio añade una prueba y obtiene un resultado anormal, ¿quién es responsable de que ese resultado sea comunicado al paciente?

Simpson y Twomey señalaron en 2004, en un editorial publicado en el Journal of Clinical Pathology, que la práctica de añadir pruebas reflexivas genera un nuevo territorio de responsabilidad médico-legal: el laboratorio que añade una prueba tiene la obligación implícita de que el resultado sea gestionado correctamente, y si el médico no actúa sobre él, el riesgo es compartido. DOI

En el escrutinio oportunista sin consentimiento, este problema se agrava. Si el laboratorio detecta una hipercalcemia que resulta ser un hiperparatiroidismo primario en un paciente asintomático que vino a hacerse una analítica de rutina, y ese hallazgo no es comunicado correctamente, ¿quién responde ante el paciente? ¿El laboratorio que lo detectó pero no estaba dentro de la petición? ¿El médico que recibió el informe pero no interpretó como significativa una determinación que no solicitó?

Análisis crítico: cuándo está justificado y cuándo no

Ninguna de las consideraciones anteriores implica que las pruebas reflexivas individuales sean incorrectas. Implica que requiere un marco concreto de actuación.

El reflective testing individual, basado en el juicio clínico de un facultativo del laboratorio que identifica una indicación específica en un caso concreto, tiene una justificación ética sólida: actúa dentro del contexto clínico de la petición, el médico solicitante conoce los resultados añadidos y puede evaluarlos, y la literatura demuestra que mejora la gestión del caso. La condición mínima es la transparencia hacia el médico y, en su caso, la comunicación proactiva cuando el hallazgo tiene implicaciones clínicas significativas.

El escrutinio oportunista sistemático tiene un estatus diferente. No es una extensión del caso individual; es una política del laboratorio clínico que usa la consulta clínica como punto de captación para un programa de detección precoz. Estos programas son legítimos —la evidencia sobre la detección de diabetes no diagnosticada es real—, pero tienen que cumplir los mismos requisitos que cualquier programa de escrutinio de salud pública:

  1. Eficacia demostrada en el contexto poblacional de aplicación.
  2. Aprobación institucional formal con criterios explícitos.
  3. Información al paciente de que la analítica puede incluir pruebas de escrutinio.
  4. Circuito clínico definido para el seguimiento de hallazgos positivos.
  5. Responsabilidad asignada para la comunicación de resultados anormales.
  6. Mandato institucional: el diseño e implementación de programas de escrutinio es competencia de los Servicios de Salud autonómicos y del Ministerio de Sanidad, no una iniciativa unilateral de un laboratorio.

Ninguno de estos requisitos es burocrático. Son la diferencia entre una intervención sanitaria con garantías y una práctica bien intencionada pero sin supervisión (descontrolada).

Ejemplo de cómo se implementa un programa de escrutinio

España tiene un ejemplo próximo de cómo se diseña e implementa correctamente un programa de escrutinio oportunista: la detección precoz del cáncer colorrectal.

El programa fue diseñado a nivel nacional, con las primeras implementaciones piloto en la primera década de los 2000 y la extensión progresiva durante los años siguientes. Su desarrollo fue necesariamente gradual: Cataluña fue la primera Comunidad Autónoma en lanzar un programa piloto en el año 2000; el País Vasco completó la implantación territorial en 2013; otras comunidades lo hicieron progresivamente, área sanitaria por área sanitaria, conforme se disponía de la estructura necesaria para garantizar el circuito completo: invitación activa, test inmunológico de sangre oculta en heces (FIT), colonoscopia de confirmación cuando el resultado era positivo y seguimiento endoscópico posterior. En 2011, cuando el programa llevaba años operando en varios territorios, la cobertura de invitación sobre la población española objetivo era todavía del 9,74%, con una tasa de detección de cáncer de 3,42 casos por cada 1.000 participantes. DOI No fue un fracaso: fue la velocidad a la que puede extenderse un programa cuando el circuito de seguimiento tiene que estar garantizado antes de poder invitar.

Este ritmo de implantación no fue una limitación burocrática: fue la condición que permitió que el programa funcionara. Sin la colonoscopia de confirmación disponible y garantizada en plazo razonable, ofrecer el FIT no tiene sentido clínico ni ético; sin el presupuesto para el circuito completo, los positivos se generan sin posibilidad de seguimiento. El programa fue incluido formalmente en la cartera común de servicios del SNS en 2014. El Gobierno distribuyó entre 2021 y 2023 una partida de 7,5 millones de euros, procedente del Plan de Recuperación, para financiar mejoras de cobertura en las comunidades autónomas. Y la Orden SND/356/2026, publicada en el BOE el 21 de abril de 2026, amplía la población diana a personas de 50 a 74 años y establece un nuevo calendario progresivo de entre 5 y 10 años para que las comunidades autónomas adapten sus programas, con un sistema de información estatal para el seguimiento. Cada decisión ha requerido normativa explícita, presupuesto propio y definición de responsabilidades entre niveles asistenciales.

El escrutinio oportunista de HbA1c o calcio añadido por el laboratorio no cuenta con ninguno de estos elementos. No existe invitación activa ni posibilidad de rechazar la participación. No existe circuito de confirmación preestablecido. No existe presupuesto específico para el seguimiento de los positivos. Y no existe, en la mayoría de los casos, un acuerdo institucional que asigne la responsabilidad de la comunicación de hallazgos significativos al médico y al paciente.

McCartney et al. señalaron en 2020 que el «case finding» u «opportunistic testing» funciona con frecuencia como eufemismo para implementar programas de escrutinio poblacional sin someterse a la evaluación rigurosa que los criterios de Wilson y Jungner exigen para cualquier programa de escrutinio formal. Cuando la práctica consiste en examinar sistemáticamente a todos los pacientes de un grupo de edad que acude a analítica, los autores argumentan que eso es escrutinio por otro nombre y debería cumplir los mismos requisitos de evaluación independiente. La ausencia de esa evaluación no protege a los pacientes: los expone a resultados con consecuencias clínicas y psicológicas sin los circuitos que garantizarían su gestión adecuada. DOI

La pregunta que debería formularse es la siguiente: si el escrutinio de diabetes o de hiperparatiroidismo primario mediante analítica oportunista está justificado en términos de salud pública, ¿por qué no sigue el mismo proceso institucional que siguió el escrutinio de cáncer colorrectal? Si el beneficio es real, ese proceso no es un obstáculo: es la garantía de que el beneficio se materializa sin causar daño colateral.

El paternalismo médico

El paternalismo se basa en la idea de que el profesional sanitario sabe lo que es bueno para el paciente mejor que el propio paciente, y que por tanto puede actuar en su beneficio sin informarle ni consultarle.

El paternalismo médico no es siempre incorrecto. En situaciones de urgencia o de incapacidad declarada, la ley prevé la actuación en beneficio del paciente sin su consentimiento. Pero en el contexto de una analítica de rutina de un paciente adulto, competente y que acude voluntariamente a una consulta médica, la beneficencia no puede ser una coartada para omitir la autonomía.

La encuesta de pacientes realizada por Paterson et al. en 2006 mostró que la mayoría de los encuestados favorecía que el laboratorio añadiera pruebas relevantes sin consultarles previamente. DOI Esto es relevante y no debe ignorarse. Pero «la mayoría lo acepta» no equivale a «todos consienten». Y el derecho a no saber del Convenio de Oviedo protege precisamente a quienes no son mayoría.

Una encuesta de clínicos holandeses mostró resultados similares de aceptación: la mayoría de los médicos de familia valoraba positivamente las pruebas reflexivas individuales y en el 53% de los casos estimaba que había tenido impacto en su manejo del paciente (Oosterhuis et al., 2009). PMID 19900340 La encuesta nigeriana de Imoh et al. (2021) reflejó una actitud más cauta: el 82,7% de los médicos valoraba los comentarios interpretativos, pero solo el 53,7% apoyaba las pruebas reflexivas individuales, con preocupaciones justificadas sobre costes y retrasos en los informes.

El aceptar dicha práctica no resuelve el problema del consentimiento informado necesario del paciente.

Conclusión

El laboratorio clínico tiene competencia técnica reconocida para mejorar el rendimiento diagnóstico de las muestras que procesa. Las pruebas reflexivas individuales, basadas en el juicio clínico de un especialista, tienen evidencia empírica sólida (incluyendo un ensayo clínico aleatorizado) y justificación ética. Es una extensión legítima del rol del laboratorio.

El escrutinio oportunista sistemático —añadir HbA1c, calcio u otras determinaciones a todas las muestras de una población definida, sin indicación clínica individual y sin información al paciente— supone un escenario diferente. No es una extensión de un caso clínico individual; es una política sanitaria que se ejecuta sin el marco de una política sanitaria regulada.

La Ley 41/2002 y el Convenio de Oviedo no son obstáculos a una buena práctica de laboratorio. Son el límite que distingue la beneficencia del paternalismo. Si el escrutinio oportunista vale la pena —y hay razones para pensar que sí—, merece ser debatido institucionalmente, aprobado formalmente, comunicado al paciente y respaldado por circuitos clínicos que garanticen el seguimiento de los hallazgos.

La rentabilidad del escrutinio tampoco es independiente del diseño. Aplicar HbA1c o calcio a toda la población que cumple un criterio demográfico, sin selección por riesgo, produce un rendimiento diagnóstico menor que en poblaciones diana definidas: el número necesario para escrutar aumenta, los falsos positivos se multiplican y el coste incremental por caso detectado crece.

Y si el escrutinio oportunista sistemático es en realidad implementar una política sanitaria que pertenece a otro nivel de decisión: los Servicios de Salud autonómicos y el Ministerio de Sanidad, con la partida presupuestaria que garantice el circuito de atención sanitaria completo. El escrutinio de cáncer colorrectal tardó años en extenderse a todas las Comunidades Autónomas y dentro de estas, área por área, precisamente porque el circuito sin el que el escrutinio no tiene sentido —colonoscopia disponible, resultado comunicado, seguimiento garantizado— requiere recursos y coordinación que no se improvisan. El mismo estándar debería aplicarse a cualquier otra intervención de escrutinio.

Referencias

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Marco normativo:

  • Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. BOE núm. 274, de 15 de noviembre de 2002.
  • Convenio del Consejo de Europa para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina (Convenio de Oviedo). Oviedo, 4 de abril de 1997. Instrumento de ratificación publicado en BOE núm. 251, de 20 de octubre de 1999.
  • Orden SND/356/2026, de 13 de abril, por la que se modifican las prestaciones de la cartera común de servicios del SNS en materia de programas de escrutinio. BOE núm. 95, de 21 de abril de 2026.
Hospital administrator stamping medical test requests as denied while doctor watches

El denegar hacer las pruebas solicitadas: pertinencia, libertad de prescripción y responsabilidades

Todos los que trabajamos en laboratorio clínico se nos ha presentado una situación como las que se describen a continuación: se solicita una prueba para la que no existe justificación clínica, existe un resultado todavía clínicamente vigente, o que pide una determinación fuera del catálogo autorizado. La pregunta que sigue es siempre la misma y rara vez se formula abiertamente: ¿podemos denegar esa prueba?

El debate se articula bajo diferentes puntos de vista. Uno es técnico —qué herramientas existen para gestionar la demanda—. Otro es ético —quién es el garante final de la calidad diagnóstica—. Y otro es legal: ¿en qué responsabilidades incurriría el laboratorio si deniega una prueba que el médico considera necesaria?

Este artículo intenta responder a las tres, con honestidad y con datos.


La libertad de prescripción médica: existe, pero no es absoluta

El artículo 4.7 de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias reconoce el derecho del médico al «ejercicio de la profesión con plena autonomía técnica y científica, sin más limitaciones que las establecidas en esta ley y por las demás normas legales aplicables». Esta formulación tiene dos partes que suelen leerse de forma selectiva: la plena autonomía, sí, pero sin más limitaciones que las establecidas en la ley y por las demás normas legales aplicables.

¿Qué limitaciones establece la ley? Fundamentalmente tres: la lex artis médica (el médico debe prescribir lo que un profesional razonable haría en su situación, siguiendo la mejor evidencia disponible), los protocolos asistenciales aprobados por la institución o por el sistema de salud, y los criterios de eficiencia del sistema sanitario recogidos en la legislación de cohesión y calidad del Sistema Nacional de la Salud.

La libertad de prescripción no equivale a otorgar una carta blanca diagnóstica. Un médico no tiene derecho ilimitado a solicitar cualquier prueba sin justificación clínica. El problema es que nadie tiene la obligación de verificarlo en tiempo real —excepto el laboratorio clínico.


La autonomía técnica del laboratorio: también está en la ley

La Ley 44/2003 no otorga la autonomía técnica solo al médico. El artículo 6 establece que el ejercicio de cada profesión sanitaria se rige por sus propias competencias. El especialista en Análisis Clínicos —o en Bioquímica Clínica, Microbiología o Farmacia Hospitalaria en sus áreas respectivas— tiene atribuida la competencia de asesorar sobre la idoneidad y pertinencia de las determinaciones analíticas solicitadas.

La norma ISO 15189:2022, de referencia para la acreditación de los laboratorios clínicos, va más allá: exige que el laboratorio disponga de criterios documentados de aceptación y rechazo de solicitudes. Esta exigencia se interpreta habitualmente en su dimensión pre-analítica clásica (muestra hemolizada, volumen insuficiente, identificación incorrecta, incumplimiento de las instrucciones por parte del paciente), pero alcanza también a la idoneidad de la solicitud. El laboratorio es responsable de la fase pre-analítica en su totalidad.

Esto no significa que el laboratorio sea el árbitro clínico de cada solicitud individual. Significa que tiene competencia técnica propia, no derivada, y que el ejercicio de esa competencia está respaldado por la misma normativa que regula las profesiones sanitarias.


¿Qué puede rechazar legítimamente un laboratorio?

Conviene separar dos supuestos que se mezclan en la práctica con demasiada frecuencia.

Rechazo por criterios de calidad pre-analítica. Este es el terreno más sólido. Un laboratorio acreditado tiene la obligación —no solo la facultad— de rechazar muestras que no cumplan los criterios de aceptación documentados: muestra hemolizada cuando afecta al resultado, volumen insuficiente, temperatura de transporte inadecuada, identificación incorrecta, etc. No hacerlo sería un incumplimiento de la norma ISO 15189 y supondría poner en riesgo al paciente. La literatura es clara: los errores pre-analíticos representan el 46-68% de todos los errores del laboratorio. Rechazar en este contexto es una medida para la seguridad del paciente.

Rechazo por pertinencia clínica (la zona gris). ¿Puede el laboratorio no realizar una prueba porque el diagnóstico presuntivo no corresponde con la indicación clínica, o porque el intervalo mínimo para su repetición no se ha cumplido? La respuesta es: puede hacerlo, si existe un protocolo consensuado, documentado y aprobado por la institución. La denegación arbitraria, individual y no protocolizada supone asumir unilateralmente las consecuencias clínicas y legales con respecto a dicha actuación.


Lo que dice la evidencia: no se trata de denegar, sino de reconducir

La literatura sobre gestión de la demanda diagnóstica es extensa y creciente. El término que se ha consolidado en los últimos años es diagnostic stewardship —en analogía al antimicrobial stewardship en enfermedades infecciosas—, y su objetivo no es reducir pruebas por reducirlas, sino eliminar aquellas que no aportan valor clínico. Basándome en una revisión bibliográfica, las estrategias más eficaces comparten una característica: no implican una negativa unilateral del laboratorio al médico, sino sistemas consensuados que informan, reconducen o condicionan.

Modificación del formulario de solicitud electrónico. Seppänen et al. (Int J Med Inform, 2016) ocultaron la VSG y la AST del formulario electrónico estándar de Atención Primaria en Helsinki. El resultado: reducción del 90% en la solicitud de ambas pruebas. La herramienta fue un cambio de interfaz de la solicitud, no una denegación de las pruebas. [DOI]

En la misma línea, Leis et al. (BMJ Qual Saf, 2019) eliminaron la casilla de TSH del formulario de petición de una unidad coronaria canadiense: las solicitudes inapropiadas cayeron del 60,6% al 20%. [DOI]

Perfiles reflexivos (reflex testing). Realizar automáticamente una segunda prueba solo si el resultado de la primera supera un punto de corte predefinido es el ejemplo más claro de cómo el laboratorio puede optimizar la demanda sin rechazar nada. Gilmour et al. (J Eval Clin Pract, 2017) implementaron T4 libre reflexiva tras TSH en un hospital académico de Toronto: el total de hormonas tiroideas libres solicitadas se redujo un 49%. [DOI]

Howard-Anderson et al. (Infect Control Hosp Epidemiol, 2020) aplicaron la estrategia de urocultivo reflexivo condicionado a sedimento urinario patológico en cuatro hospitales: redujeron los urocultivos de forma sostenida sin aumentar infecciones urinarias no diagnosticadas. [DOI]

Acceso condicionado a pruebas complejas. Riley et al. (J Mol Diagn, 2015) en la Cleveland Clinic implementaron el requisito de consulta previa con especialista antes de acceder a pruebas de genética molecular. El resultado: ahorro de 1,53 millones de dólares en 27 meses, con mejor selección de pruebas. Es, esencialmente, una denegación condicional —pero consensuada, protocolizada y orientada al beneficio del paciente. [DOI]

Alertas de soporte de decisión clínica (CDS). Belfiore et al. (Lab Med, 2025) implementaron alertas de soporte a la decisión clínica para la solicitud electrónica para la procalcitonina: las solicitudes cayeron un 78% y las adecuadas a guía aumentaron del 2% al 10%. [DOI]

El patrón es consistente: la herramienta más eficaz no es el «no» a posteriori del laboratorio, es el diseño adecuado del sistema de solicitud electrónica consensuado con los médicos antes de implementarse.


La responsabilidad legal

Esta es la pregunta que más interesa y la que menos se responde con honestidad.

Responsabilidad civil. Para que exista responsabilidad civil del laboratorio por denegar una prueba, deben concurrir tres elementos: acción u omisión (la denegación), daño demostrable (el paciente sufre un perjuicio) y nexo causal (el daño es consecuencia directa de esa denegación). Los tres tienen que probarse. La jurisprudencia española reciente muestra que los tribunales sí condenan a laboratorios por daños derivados de errores diagnósticos (AP Madrid, sentencia 128/2023: 119.000 € por error en el análisis), pero estos casos se refieren a errores en la ejecución o interpretación, no a denegaciones protocolizadas.

Una denegación protocolizada y documentada —«este laboratorio no realiza la determinación X sin la indicación Y, según el protocolo aprobado por la comisión clínica pertinente»— es jurídicamente muy diferente a una denegación individual y arbitraria. La primera tiene respaldo institucional; la segunda expone personalmente al profesional.

Responsabilidad penal. El umbral es mucho más alto. Para que una denegación de prueba analítica constituyera un delito, debería existir dolo (intención de causar daño) o imprudencia grave demostrable. Una decisión de gestión de la demanda, consensuada y documentada, no alcanza ese umbral. La figura del artículo 196 del Código Penal —denegación de asistencia sanitaria— se refiere a la no prestación de atención urgente por el médico responsable, no a la gestión protocolizada de la cartera de servicios de un laboratorio.

Dicho esto: el laboratorio sí asumiría un riesgo civil significativo si denegara una prueba de manera arbitraria, sin protocolo documentado, y esa denegación causara un retraso diagnóstico con consecuencias graves para el paciente. No sería penal en la mayoría de los escenarios, pero la demanda civil sería difícil de defender.


La posición coherente: más consultoría, menos automatismo

No existe una respuesta dicotómica para la pregunta original. El laboratorio no puede denegar pruebas de manera arbitraria, pero tampoco tiene la obligación de ejecutar sin criterio todo lo que llega. La posición coherente con la ley, con la norma ISO 15189 y con la evidencia publicada es:

  1. Cumplir siempre los criterios de calidad pre-analítica documentados. Rechazar con criterios claros, informar al solicitante y documentarlo. Esto es una obligación, no una opción.
  2. Consensuar con los servicios clínicos los criterios de pertinencia antes de aplicarlos. Esto requiere trabajo de la comisión clínica pertinente, no decisiones tomadas unilateralmente por el laboratorio.
  3. Usar herramientas de reconducción, no de denegación. Alertas de duplicidad, intervalos mínimos de vigencia informados en tiempo real, perfiles reflexivos, modificación de formularios de solicitud electrónicos.
  4. Documentar cualquier incidencia de solicitud rechazada por criterios de pertinencia, incluyendo la causa y la comunicación al solicitante.
  5. Informar al médico en el momento de la solicitud si existe ya un resultado vigente, si la indicación no corresponde con los criterios de evidencia científica o si existe una alternativa más adecuada.

La diferencia entre denegar y reconducir no es solo semántica: es la diferencia entre un laboratorio que se convierte en obstáculo y uno que ejerce su función consultiva.


Conclusiones

  1. La libertad de prescripción médica existe y está reconocida legalmente, pero no es absoluta: está limitada por la lex artis, los protocolos institucionales y los criterios de eficiencia del sistema sanitario.
  2. El laboratorio clínico tiene autonomía técnica propia, reconocida por la misma ley y por la norma ISO 15189, que le otorga la responsabilidad —no solo la facultad— de documentar criterios de aceptación de solicitudes.
  3. El rechazo por criterios de calidad pre-analítica es una obligación, no una opción. El rechazo por pertinencia clínica solo es legítimo si está respaldado por protocolos consensuados e institucionalmente aprobados.
  4. La evidencia internacional muestra que las estrategias más eficaces no son las denegaciones unilaterales, sino las intervenciones de reconducción: formularios inteligentes, alertas, perfiles reflexivos. Estas respetan la autonomía médica mientras reducen la demanda inapropiada.
  5. El riesgo legal de una denegación arbitraria no protocolizada es fundamentalmente civil, no penal. Una denegación protocolizada y documentada tiene respaldo institucional y legal suficiente.
  6. El laboratorio clínico no es el ejecutor mecánico de todo lo que le llega, pero tampoco el árbitro individual de cada solicitud. Su función consultiva —reconocida en la ley y exigida por la norma de acreditación— es la que justifica, y también la que obliga, a gestionar la demanda con criterio.

Bibliografía

  1. Riley JD, Procop GW, Kottke-Marchant K, et al. Improving Molecular Genetic Test Utilization through Order Restriction, Test Review, and Guidance. J Mol Diagn. 2015;17(3):225-9. https://doi.org/10.1016/j.jmoldx.2015.01.003
  2. Seppänen K, Kauppila T, Pitkälä K, et al. Altering a computerized laboratory test order form rationalizes ordering of laboratory tests in primary care physicians. Int J Med Inform. 2016;86:49-53. https://doi.org/10.1016/j.ijmedinf.2015.11.013
  3. Gilmour JA, Weisman A, Orlov S, et al. Promoting resource stewardship: Reducing inappropriate free thyroid hormone testing. J Eval Clin Pract. 2017;23(3):670-675. https://doi.org/10.1111/jep.12698
  4. Leis B, Frost A, Bryce R, et al. Altering standard admission order sets to promote clinical laboratory stewardship: a cohort quality improvement study. BMJ Qual Saf. 2019;28(10):846-852. https://doi.org/10.1136/bmjqs-2018-008995
  5. Howard-Anderson JR, Ashraf S, Overton EC, et al. Sustained decrease in urine culture utilization after implementing a reflex urine culture intervention: A multicenter quasi-experimental study. Infect Control Hosp Epidemiol. 2020;41(3):369-371. https://doi.org/10.1017/ice.2020.5
  6. Podolsky E, Hudek N, McCleary N, et al. How do experts determine where to intervene on test ordering? An interview study. Clin Chem Lab Med. 2025;63(3):545-551. https://doi.org/10.1515/cclm-2024-0948
  7. Belfiore GM, Jankowski CA, Isache CL, et al. Diagnostic stewardship of procalcitonin testing by implementation of computer-based decision support. Lab Med. 2025;56(4):396-401. https://doi.org/10.1093/labmed/lmae108
  8. España. Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias. BOE núm. 280, de 22 de noviembre de 2003.
  9. ISO 15189:2022. Medical laboratories — Requirements for quality and competence. Geneva: International Organization for Standardization; 2022.

Fecal occult blood test kit components including test card, sample tube, instructions, and biohazard bag

Solicitud asistencial de la sangre oculta en heces: ¿1 ó 3 muestras?

Introducción

El test de sangre oculta en heces (SOH) con tecnología inmunoquímica —conocido internacionalmente como FIT (fecal immunochemical test)— se ha convertido en la prueba de cribado de cáncer colorrectal (CCR) de referencia en la mayoría de los programas europeos, incluido el Programa Galego de Detección Precoz do Cancro Colorrectal (PGDPCC). En el contexto del cribado, el debate sobre cuántas muestras se necesitan parece cerrado: una sola muestra bienal, con un umbral de 100 ng/mL de hemoglobina en el tampón del colector (20 µg Hb/g de heces), es el estándar operativo.

El problema surge cuando ese mismo test se utiliza con una indicación diferente: la sospecha clínica de patología colorrectal en un paciente sintomático que consulta por anemia ferropénica, cambios del ritmo intestinal, rectorragia o dolor abdominal. En ese contexto, ¿debe el laboratorio seguir el mismo protocolo de una muestra? ¿O existe justificación para solicitar dos o tres?

La respuesta no es sencilla, y en la práctica real de los laboratorios clínicos españoles no existe un criterio consensuado. En este artículo presento los datos de nuestro estudio en el Área Sanitaria de Santiago de Compostela y los contrasto con la evidencia publicada para defender una posición que considero respaldada tanto por la biología como por los números.


El contexto: dos poblaciones con riesgos distintos

La lógica del cribado descansa en una premisa epidemiológica: se aplica a una población asintomática de riesgo medio (50-69 años, sin antecedentes personales ni familiares de CCR). En esas condiciones, la prevalencia de CCR es baja y la prueba debe tener una tasa de falsos positivos reducida para que el valor predictivo positivo (VPP) sea aceptable. La muestra única con un umbral de 100 ng/mL cumple ese requisito.

El Programa Gallego lo confirma con datos propios (2013-2018): de 689.607 invitaciones enviadas, el 39,5 % entregó el test, con una tasa de positividad del 6,8 % y una detección de CCR del 5,6 % de las colonoscopias realizadas (VPP para CCR del 5,57 %).

El paciente que llega a la consulta con anemia ferropénica sin causa justificada es una población distinta. Su probabilidad pre-test es más alta. La pregunta clínica no es «¿hay algo que no debo pasar por alto en una población sana?», sino «¿estoy ante una hemorragia digestiva baja que requiere colonoscopia urgente?». Aplicarle el mismo protocolo que al cribado puede ser una simplificación inadecuada.


El fundamento biológico: el sangrado es intermitente

Los pólipos colorrectales —tanto adenomas como carcinomas en estadios precoces— sangran de forma intermitente. La superficie del tejido friable entra en contacto con las heces y sangra en episodios irregulares, no en cada deposición. Este fenómeno de variabilidad intra-individual es bien conocido y tiene consecuencias directas sobre el rendimiento del test:

  • En una muestra recogida un día sin sangrado, el resultado puede ser negativo aunque exista una lesión relevante.
  • En una segunda o tercera muestra recogida en días diferentes, la probabilidad de capturar al menos uno de esos episodios de sangrado aumenta.

Este argumento biológico es el que históricamente justificó los protocolos de tres muestras en los estudios de caso clínico.


Los datos: qué ocurre en la práctica habitual

En nuestro laboratorio analizamos los resultados de SOH de los pacientes del Área Sanitaria de Santiago de Compostela que entregaron 1, 2 ó 3 muestras consecutivas entre 2017 y 2019, con indicación asistencial (no de cribado). El total fue de 73.734 pacientes, de los cuales el 6,29 % resultó positivo en la primera muestra.

Los resultados de la imputación múltiple de datos faltantes —estimando qué hubiera ocurrido si todos hubieran entregado tres muestras— muestran una curva de rendimiento diagnóstico incremental significativa:

Muestra Positividad en esa muestra IC 95 %
1.ª muestra 11,3 % 11,0 – 11,7 %
2.ª muestra (incremental) 4,5 % 4,3 – 4,8 %
3.ª muestra (incremental) 3,4 % 3,2 – 3,6 %
Diagnóstico acumulado 19,3 %

En total, el 21,3 % de los pacientes habrían sido detectados usando tres muestras, frente al 11,3 % con solo una. Dicho de otro modo: solicitar únicamente la primera muestra habría dejado sin diagnosticar al 41 % de los casos positivos.

Comparado con el programa de cribado, la diferencia es llamativa:

Indicación Positividad SOH CCR detectado / total colonoscopias
Sospecha clínica (3 muestras) 19,3 % 7,6 %
Cribado Galicia 2018 6,8 % 5,6 %

La sospecha clínica tiene un rendimiento diagnóstico 3,8 veces mayor que el cribado, lo que refleja una probabilidad pre-test sustancialmente más alta.

La regresión logística sobre los 34.496 pacientes con primera muestra válida confirma que la edad (OR 1,026 por año, p < 0,001) y el sexo masculino (OR 1,47, p < 0,001) son predictores independientes de positividad.


¿Y el coste? El argumento económico también respalda las 3 muestras

Una objeción habitual al protocolo de tres muestras es el coste en reactivos. Los datos del estudio permiten responder con cifras:

Coste marginal por diagnóstico incremental 2017 2018 2019
1.ª muestra 14 € 13 € 12 €
2.ª muestra 38 € 37 € 38 €
3.ª muestra 52 € 48 € 57 €
Coste promedio por positivo (3 muestras) 25,6 € 24,1 € 23,6 €
Coste por positivo en cribado SERGAS 27,2 € 28,5 € 30,9 €

El coste por diagnóstico positivo con tres muestras en sospecha clínica es igual o inferior al coste del programa de cribado (ratio 0,8:1). El argumento económico contra las tres muestras no se sostiene cuando se analiza en términos de eficiencia diagnóstica.


El grado de evidencia: una lectura crítica

Aquí es necesario ser honesto sobre lo que dice la literatura, porque no toda apunta en la misma dirección.

En el contexto del cribado, los estudios son bastante consistentes en que la muestra adicional no aporta valor relevante:

  • Kapidzic et al. (Gut, 2016) demostraron en un ensayo holandés que la estrategia de dos muestras no aumenta la detección de neoplasia avanzada respecto a una sola muestra en rondas repetidas de cribado, y concluyen que una sola muestra es preferible en ese contexto. [DOI]
  • Ribbing Wilén et al. (Scand J Gastroenterol, 2019) confirmaron en una cohorte sueca de colonoscopia de cribado que la sensibilidad para neoplasia avanzada no aumenta al usar dos muestras frente a una. [DOI]

Estos datos son sólidos. Pero se refieren exclusivamente al cribado poblacional.

En el contexto de la sospecha clínica, el único estudio que he encontrado que compara directamente una versus dos muestras en pacientes sintomáticos es el de Augé et al. (Clin Chem Lab Med, 2016), del grupo de Barcelona. Sus resultados merecen atención: con 208 pacientes sintomáticos, concluyeron que el rendimiento diagnóstico de dos muestras puede conseguirse con una sola muestra si se reduce el umbral de detección (de 20 a 10 µg Hb/g de heces). [DOI]

Este hallazgo es importante y plantea una alternativa legítima: en lugar de pedir tres muestras, ajustar el umbral de positividad hacia abajo para la solicitud asistencial. El problema es que esto requiere que el laboratorio aplique umbrales diferentes según la indicación —cribado o asistencial— lo que implica una complejidad operativa y comunicativa que no está resuelta en la mayoría de los laboratorios españoles, incluido el nuestro.

El grupo de Nottingham ha desarrollado el llamado protocolo 4F (FIT + full blood count + ferritin + finger/DRE) para pacientes sintomáticos, mostrando que la combinación de FIT con analítica de sangre y tacto rectal reduce los CCR no diagnosticados frente a FIT solo, aunque el umbral óptimo de hemoglobina sigue siendo objeto de debate. [DOI]


El incentivo perverso que nadie menciona

Hay una realidad incómoda que los datos no capturan directamente pero que cualquier profesional del laboratorio con experiencia clínica conoce: existe una presión implícita —y en ocasiones explícita— por parte de los servicios de digestivo para que el laboratorio solicite una sola muestra, porque menos positivos significan menos colonoscopias, y las colonoscopias generan lista de espera.

Este argumento nunca se verbaliza como tal. Se viste de eficiencia o de adecuación a la evidencia del cribado. Pero aplicar el protocolo de cribado a una solicitud con indicación clínica, cuando los datos del propio laboratorio muestran un rendimiento diagnóstico incremental significativo con tres muestras, tiene un nombre desde el punto de vista ético-profesional: es una decisión que prioriza la gestión de la demanda endoscópica sobre el interés diagnóstico del paciente.

El laboratorio clínico es un agente de la cadena asistencial. No somos los gestores de la lista de espera de endoscopia.


¿Qué recomienda la evidencia? Resumen práctico

Contexto Protocolo recomendado Fundamento
Cribado poblacional (asintomático, 50-69 años) 1 muestra, umbral 20 µg Hb/g (100 ng/mL) Kapidzic 2016; Ribbing Wilén 2019
Sospecha clínica (anemia, rectorragia, cambio ritmo intestinal) 3 muestras, umbral 20 µg Hb/g o 1 muestra con umbral reducido (~10 µg Hb/g) Augé 2016; datos propios
Alto riesgo (historia personal/familiar de CCR, pólipos previos) FIT con seguimiento colonoscópico; la sensibilidad para neoplasia avanzada es del 48 % (meta-análisis) Katsoula 2017 [DOI]

La solución a largo plazo pasa por establecer protocolos diferenciados por indicación en los laboratorios clínicos, con umbrales de hemoglobina fecal ajustados al contexto clínico, tal como ya funciona en algunos centros del Reino Unido. Mientras ese consenso no llegue, los datos de nuestro estudio avalan mantener el protocolo de tres muestras en la solicitud asistencial.


Conclusiones

  1. El protocolo de una muestra en el cribado poblacional está bien sustentado por la evidencia y no debe cuestionarse.
  2. La sospecha clínica es una indicación diferente, con una probabilidad pre-test sustancialmente más alta y un fundamento biológico distinto.
  3. En nuestra experiencia (73.734 pacientes, 2017-2019), el protocolo de tres muestras aumenta el diagnóstico incremental en un 41 % respecto a la muestra única, con un coste por positivo igual o inferior al del programa de cribado.
  4. La alternativa de una muestra con umbral reducido (≤10 µg Hb/g) es plausible según la literatura, pero requiere implementación diferenciada por indicación en el laboratorio.
  5. El argumento de «reducir colonoscopias» no es una razón clínicamente válida para restringir el protocolo en pacientes con indicación asistencial.

Desde el punto de vista de la ética profesional, el laboratorio clínico tiene la obligación de diseñar el protocolo con una mayor efectividad diagnóstica, no aquel que le sea más conveniente al servicio que va a atender y tratar al paciente.


Bibliografía

  1. Kapidzic A, et al. Attendance and diagnostic yield of repeated two-sample faecal immunochemical test screening for colorectal cancer. Gut. 2016;66(1):118-23. https://doi.org/10.1136/gutjnl-2014-308957
  2. Augé JM, Fraser CG, Rodriguez C, et al. Clinical utility of one versus two faecal immunochemical test samples in the detection of advanced colorectal neoplasia in symptomatic patients. Clin Chem Lab Med. 2016;54(1):125-32. https://doi.org/10.1515/cclm-2015-0388
  3. Katsoula A, Paschos P, Haidich AB, et al. Diagnostic Accuracy of Fecal Immunochemical Test in Patients at Increased Risk for Colorectal Cancer: A Meta-analysis. JAMA Intern Med. 2017;177(8):1110-8. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2017.2309
  4. Ribbing Wilén H, Blom J, Höijer J, et al. Fecal immunochemical test in cancer screening – colonoscopy outcome in FIT positives and negatives. Scand J Gastroenterol. 2019;54(3):303-10. https://doi.org/10.1080/00365521.2019.1585569
  5. Chapman C, Thomas C, Morling J, et al. Early clinical outcomes of a rapid colorectal cancer diagnosis pathway using faecal immunochemical testing in Nottingham. Colorectal Dis. 2020;22(6):679-88. https://doi.org/10.1111/codi.14944
  6. Bailey JA, Morton AJ, Jones J, et al. ‘Low’ faecal immunochemical test (FIT) colorectal cancer: a 4-year comparison of the Nottingham ‘4F’ protocol with FIT10 in symptomatic patients. Colorectal Dis. 2024;26(2):309-16. https://doi.org/10.1111/codi.16848
  7. Servizo Galego de Saúde. Programa galego de detección precoz do cancro colorrectal. Resultados 2013-2018. Santiago de Compostela: SERGAS; 2020.

Three glowing test tubes labeled ESR, CRP, and Procalcitonin in a lab setting

La velocidad de sedimentación globular: ni panacea ni reliquia

Existe en el laboratorio clínico contemporáneo una presión creciente para eliminar la velocidad de sedimentación globular (VSG). Los argumentos que se presentan son de carácter técnico —escasa especificidad diagnóstica, variabilidad preanaltíca, corta estabilidad— pero el argumento real que rara vez se explicita es que la VSG presenta dificultades para integrarse en los diseños de robotización total. Requiere un analizador dedicado, un tubo a veces específico y un tiempo de procesamiento de hasta 60 minutos. En un modelo de laboratorio consolidado y robotizado, la VSG es un procedimiento analítico incómodo de implementar.

Este argumento es legítimo desde el punto de vista organizativo del laboratorio, pero no se sostiene como argumento clínico.

Este post no pretende defender la VSG de forma incondicional. Pretende algo más difícil: situarla en su justo valor, con sus fortalezas y sus limitaciones.

Qué mide la VSG

La VSG mide la velocidad a la que los hematíes de una sangre anticoagulada sedimentan en una columna vertical de cristal durante 60 minutos (método de Westergren). No mide específicamente ninguna proteína inflamatoria: mide las propiedades reológicas del plasma.

El mecanismo central es la formación de rouleaux: el apilamiento de hematíes favorecido por el aumento de proteínas de gran peso molecular —fibrinógeno, inmunoglobulinas, α₂-macroglobulina— que reducen la carga eléctrica superficial de los eritrocitos (potencial zeta) y facilitan su agregación. Por eso la VSG:

  • Sube lentamente (6–24 h después del estímulo inflamatorio) y tarda semanas en normalizarse
  • Se eleva en procesos crónicos más que en procesos inflamatorios agudos
  • Refleja el estado de las proteínas reactantes de fase aguda de larga vida media (fibrinógeno: 4–6 días; IgG: 21 días), no las de vida corta como la PCR (18–20 horas)
  • Es muy sensible a los cambios de composición proteíca del suero: gammaopatías monoclonales, hipoalbuminemia, hipofibrinogenia, y otros procesos diferentes que afectan al número, tamaño y forma de los hematíes como son policitemia, anemia y macrocitosis.

Estos fundamentos fisiológicos definen exactamente las situaciones clínicas donde la VSG aporta más valor que la proteína C reactiva, y en aquellos que no es así.


PCR y procalcitonina como sustitutos

La narrativa dominante presenta la proteína C reactiva (PCR) y la procalcitonina (PCT) como sustitutos superiores de la VSG en todos los contextos. Es una simplificación que merece ser matizada.

PCR: sintetizada en el hígado, responde en 4–6 h, pico a las 24–72 h, semivida ~18 h. Marcador agudo muy útil para infección bacteriana, cirugía, trauma. Su elevación es inespecífica pero su dinámica —sube y baja rápido— la hace útil para monitorizar tratamientos.

PCT: péptido precursor de calcitonina, liberado por múltiples células en respuesta a endotoxinas bacterianas. Semivida ~24 h, sube en horas. Superior a PCR para diagnóstico de sepsis bacteriana y para guiar el tratamiento antibiótico en infecciones respiratorias. Sin embargo, se estimula principalmente mediante endotoxinas de bacterias gramnegativas; en infecciones por cocos grampositivos (Staphylococcus aureus, Streptococcus spp., Enterococcus spp.) la elevación es menos pronunciada y menos fiable. Esta limitación es clínicamente relevante en bacteriemias grampositivas y en infecciones ortopédicas, donde los estafilococos son el agente más frecuente.

En el contexto de sepsis (criterios SEPSIS-3), el área bajo la curva ROC de PCT para pronóstico de mortalidad fue 0,682, superior al de PCR (0,583) y claramente superior al de VSG (0,540).¹ Esto confirma lo que los clínicos ya intuían: en el escenario agudo de urgencias por infección grave, la VSG tiene un papel secundario y la PCT es la herramienta adecuada.

Pero la sepsis bacteriana aguda no es el único escenario clínico del laboratorio.


Donde la VSG tiene un valor insustituible

1. Lupus eritematoso sistémico (LES): la disociación VSG/PCR

En el LES existe un fenómeno contraintuitivo que tiene enorme valor diagnóstico: durante los brotes de actividad lúpica, la PCR sube poco o nada, mientras que la VSG puede estar muy elevada. La razón es que el IFN-α, prominente en LES, suprime la producción hepática de PCR.

La disociación VSG alta / PCR normal o levemente elevada en un paciente lúpico orienta hacia brote de la enfermedad. La situación inversa —PCR muy elevada en un lúpico— debe hacer sospechar infección sobreаñadida, que es la principal causa de morbimortalidad en estos pacientes.

Una revisión publicada en Lupus (2016) confirma esta dualidad: la VSG tiene utilidad como marcador de actividad en LES y no debería abandonarse; valores de PCR >50–60 mg/L en ausencia de serositis o artritis sugieren infección.²

2. Polimialgia reumática y arteritis de células gigantes: presente en los criterios de clasificación

La arteritis de células gigantes (ACG) es una urgencia diagnóstica: el retraso en el tratamiento puede causar ceguera irreversible. Los criterios clasificatorios ACR/EULAR 2022 para ACG, el estándar de referencia actual, incluyen explícitamente:

VSG ≥50 mm/h O PCR ≥10 mg/L: +3 puntos (sobre un total de 6 para clasificar como ACG)³⁴

La VSG no ha sido reemplazada por la PCR en este sistema de puntuación: está en términos de igualdad, como alternativa equivalente. Proponer su eliminación en un hospital que diagnostica y realiza el seguimiento de ACG compromete directamente la adherencia a los criterios internacionales.

En polimialgia reumática, los criterios provisionales EULAR/ACR 2012 también incluyen PCR y/o VSG elevadas como componente necesario del diagnóstico.⁵ Es cierto que Salvarani et al. ya señalaron que una VSG normal no excluye PMR y que la PCR y la IL-6 son más sensibles para la actividad de la enfermedad.⁶ Este matiz es importante: la VSG normal no descarta PMR, pero la VSG elevada sí contribuye a la clasificación.

3. Gammaopatías y mieloma múltiple: la VSG como señal de alarma

El mieloma múltiple y las gammaopatías monoclonales de significado incierto (GMSI) se caracterizan por un aumento masivo de inmunoglobulinas monoclonales que elevan la VSG de forma desproporcionada respecto a la PCR. Una VSG >100 mm/h en ausencia de proceso infeccioso activo debe hacer sospechar discrasia de células plasmáticas.

Este patrón —VSG muy alta, PCR moderada o normal— no tiene un equivalente directo en PCR o PCT.

4. Infecciones ortopédicas: VSG + PCR = estándar de cribado

La infección periproteésica articular (IPA) es una de las complicaciones más graves de la cirugía protésica. Los criterios de la Musculoskeletal Infection Society (MSIS) incluyen VSG y PCR como marcadores mayores de cribado serológico. Estudios recientes en J Arthroplasty confirman que VSG y PCR mantienen sensibilidades comparables para IPA crónica.⁷⁸

El par VSG + PCR sigue siendo el dío diagnóstico de primera línea en sospecha de IPA porque miden aspectos temporalmente distintos de la respuesta inflamatoria.

5. Infecciones musculoesqueléticas pediátricas: la VSG supera a la PCT

En una cohorte prospectiva de urgencias pediátricas (McMichael et al., 2021) evaluando artritis séptica y otras infecciones musculoesqueléticas (MSK), el área bajo la curva ROC para el diagnóstico fue: PCR 0,88 > VSG 0,78 > PCT 0,72 > leucocitos (no predictivo).⁹

La procalcitonina, presentada como sustituto universal de la VSG, rindió peor que la VSG en este contexto. Este dato no suele mencionarse en los argumentos a favor de la eliminación de la VSG.

De forma similar, en pediatría con sospecha de sepsis bacteriana confirmada por cultivo, VSG y PCR mostraron áreas bajo la curva ROC prácticamente idénticas (0,68 y 0,67).¹⁰


Las limitaciones de la VSG

Una defensa honesta de la VSG exige reconocer cuándo no aporta valor:

⚠ Limitaciones reales de la VSG

  • Infección bacteriana aguda: la PCR es más específica, sube antes y refleja mejor la respuesta aguda. La VSG tarda horas en elevarse.
  • Diagnóstico y pronóstico de sepsis: la PCT es claramente superior. área bajo la curva ROC de la VSG ~0,54 frente a la de la PCT ~0,68.¹
  • Monitorización a corto plazo del tratamiento: la PCR normaliza en días; la VSG puede tardar semanas. Para decidir si continuar o cambiar antibiótico, la PCR es la herramienta adecuada.
  • Contextos de alta variabilidad preanaltíca: la VSG depende de temperatura, posición del tubo, retraso en el procesado y composición celular de la muestra. Una solicitud urgente puede dar resultados falsos negativos.
  • Diagnóstico diferencial en urgencias: en un episodio agudo en urgencias, la VSG añade poco valor añadido sobre la PCR y el hemograma.

La conclusión autocrítica es clara: el problema no es la prueba, sino su solicitud inadecuada. Ordenar VSG como marcador de infección aguda en urgencias es mala práctica clínica, independientemente de si la prueba está disponible o no en el catálogo.

En estos casos, la solución correcta es la restricción en las solicitudes.


El argumento del valor predictivo negativo

Este punto merece un apartado propio porque es el que más se ignora en la discusión profesional.

La especificidad de la VSG es notoriamente baja: puede estar elevada en infección, inflamación autoinmune, neoplasia, embarazo, anemia o simplemente por la edad. El VPP (valor predictivo positivo) de la VSG para cualquier enfermedad concreta es pobre porque la prevalencia de la enfermedad específica siempre es baja frente a la prevalencia de causas inespecíficas de elevación.

Pero el VPN (valor predictivo negativo) de una VSG normal es notable: cuando la VSG es normal en un paciente con sospecha de proceso inflamatorio crónico significativo —vasculitis, mieloma, artritis inflamatoria en actividad—, la probabilidad de que la enfermedad esté activa es considerablemente menor.

Este es el uso correcto de la VSG: descartar actividad inflamatoria crónica, no confirmar diagnósticos específicos. Una prueba con buen VPN y bajo VPP es una prueba de descarte, y como tal tiene un rol bien definido en la estrategia diagnóstica.

La campaña contra la VSG enfatiza sistemáticamente el bajo VPP omitiendo el considerable VPN.


El problema de la robotización

La principal razón para tratar de reducir la demanda de la VSG en muchos laboratorios no es clínica sino organizativa.

La VSG Westergren clásica requiere:

  • Tubo de citrato sódico (o sangre total EDTA en algunos sistemas)
  • Analizador dedicado (Alifax, iSED, VISION)
  • 60 minutos de procesado (o ~5 minutos en métodos fotométricos rápidos)
  • No se integra directamente en la cadena de automatización total

En el modelo de laboratorio robotizado, con cadenas automatizadas, las muestras circulan directamente desde la preanaltíca hasta los analizadores. La VSG puede dificultar ese flujo. La eliminación casi totalmente de su demanda simplifica la organización y reduce costes de equipamiento.

El criterio para eliminar o restringir una prueba del catálogo de un laboratorio debe ser su utilidad clínica, no su compatibilidad con el modelo de robotización. Confundir ambos enfoques genera decisiones que pueden parecer eficientes desde la perspectiva del laboratorio y ser perjudiciales desde la perspectiva asistencial.


Propuesta: racionalización de indicaciones, no eliminación

La posición que se propone en este artículo no es que la VSG deba prescribirse indiscriminadamente, es que debe mantenerse disponible con indicaciones racionalizadas:

Indicación con evidenciaFundamento
Diagnóstico y seguimiento de LESDisociación VSG/PCR discrimina brote vs infección
Diagnóstico de ACG y PMRCriterios ACR/EULAR 2022 incluyen VSG explícitamente
Cribado de gammaopatías y mielomaElevación desproporcionada en discrasias plasmáticas
Cribado de IPA (junto a PCR)Criterios MSIS; sensibilidades comparables
Artritis séptica pediátricaárea bajo la curva ROC 0,78 vs PCT 0,72 en estudios prospectivos
Seguimiento a largo plazo de enfermedades inflamatorias crónicasCinética lenta útil en monitorización mensual/trimestral
Indicación donde la VSG aporta pocoAlternativa preferible
Sospecha de infección aguda bacterianaPCR
Diagnóstico y pronóstico de sepsisPCT + PCR + lactato
Seguimiento a corto plazo (horas/días) del tratamiento antibióticoPCR
Cribado para procesos inflamatorios en urgenciasPCR

La carga asistencial: ¿cuántos pacientes requieren la VSG?

Un argumento habitual en los debates sobre el catálogo del laboratorio clínico es que las indicaciones rigurosas de la VSG son escasas y que la PCR las cubre con suficiencia. Los datos epidemiológicos disponibles para España ofrecen una perspectiva diferente.

PatologíaPrevalencia estimada (España)Indicación de VSGGalicia
Artritis reumatoide220.000–430.000¹¹Seguimiento de actividad~18.000–35.000
Lupus eritematoso sistémico30.000–45.000Seguimiento; disociación VSG/PCR~2.500–3.500
PMR y arteritis de células gigantes50.000–90.000 prevalentes; ~10.000 nuevos/añoDiagnóstico (criterios ACR/EULAR 2022) y seguimiento~3.000–5.500
Gammaopatía monoclonal de significado incierto (GMSI)~600.000–700.000 (≥50 años)¹²Detección y seguimiento~19.000–23.000
Mieloma múltiple~20.000–25.000; ~4.200 nuevos/año¹³Diagnóstico y monitorización~1.200–1.500
Infección periproteésica articular~1.800–2.700 nuevos/año¹⁴Cribado serológico (criterios MSIS)~110–160/año
Infecciones osteoarticulares pediátricas~700–1.050 nuevos/año¹⁵Diagnóstico diferencial~26–40/año

Si se extrapola al SERGAS —con una población de referencia de ~2,7 millones de habitantes—, la estimación conservadora apunta a más de 45.000–55.000 pacientes con indicación justificada de VSG en seguimiento programado, a los que se añaden ~130–200 casos anuales de indicaciones en episodios agudos (IPA e infecciones osteoarticulares pediátricas).

Este volumen asistencial no es compatible con la premisa de que la VSG carece de demanda clínica justificada.


Reflexión final: el laboratorio al servicio del clínico, no al revés

La presión por la robotización total de los laboratorios clínicos responde a objetivos legítimos: reducir tiempos de respuesta, minimizar errores, mejorar la trazabilidad y disminuir personal. Pero la robotización total no es un fin en sí mismo: es un medio para prestar un mejor servicio al clínico y, en última instancia, al paciente.

Cuando la racionalización del catálogo está guiada por la conveniencia del laboratorio —eliminando pruebas que “no tienen cabida” en el flujo robotizado— y no por la utilidad clínica, se produce una inversión de prioridades. El laboratorio deja de ser un servicio de diagnóstico para convertirse en un sistema de producción optimizado para mejorar sus propios indicadores de gestión.

La VSG tiene limitaciones reales y bien documentadas. También tiene nichos de valor irreemplazable, respaldados por protocolos internacionales vigentes. La respuesta adecuada a sus limitaciones es definir claramente cuándo solicitarla y cuándo no. Pero presentar las restricciones como basadas en la evidencia, cuando el argumento de fondo es la incompatibilidad con la robotización total, es una forma profesionalmente deshonesta de actuar que el laboratorio clínico no puede permitirse.


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⁴ Ponte C, Grayson PC, Robson JC, et al. 2022 American College of Rheumatology/EULAR classification criteria for giant cell arteritis. Ann Rheum Dis. 2022;81(12):1647-1653. https://doi.org/10.1136/ard-2022-223480

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¹⁴ Qvistgaard M, Nåtman J, Lovebo J, et al. Risk factors for reoperation due to periprosthetic joint infection after elective total hip arthroplasty. BMC Musculoskelet Disord. 2022;23(1):275. https://doi.org/10.1186/s12891-022-05209-9

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Clinical laboratory with scientists working and digital dashboards showing data analytics and key performance indicators

Cómo evaluar si un nuevo procedimiento merece implementarse en el laboratorio: método estructurado y caso práctico

La cartera de servicios de un laboratorio clínico no es estática. Periódicamente surge la necesidad —o la presión— de incorporar nuevas pruebas: por demanda clínica, por actualización de guías, por cambios tecnológicos o, sencillamente, porque los clínicos preguntan «¿por qué tenéis que derivarlo fuera?».

La decisión de implementar un nuevo procedimiento analítico debería responder siempre a una evaluación racional y documentada, no a la intuición ni a la disponibilidad de un nuevo reactivo. En este artículo propongo un método estructurado en cinco pasos para abordar esa evaluación, ilustrado con un caso práctico real: el diagnóstico bioquímico de feocromocitoma y paraganglioma en un hospital universitario de referencia.

El método de evaluación en 5 pasos

El esquema parte de los principios de gestión de la calidad en el laboratorio clínico (ISO 15189) y de la práctica de la medicina basada en la evidencia. Antes de invertir en equipamiento, reactivos o formación, conviene recorrer estos cinco escalones:

  1. Necesidad clínica — ¿Existe demanda real? ¿Qué impacto tendría en el diagnóstico o tratamiento?
  2. Estado del arte — ¿Cuál es la mejor prueba disponible según la evidencia? ¿Existen guías de práctica clínica?
  3. Practicabilidad técnica — ¿Tenemos capacidad para hacerlo bien? ¿Qué infraestructura, equipamiento y formación requiere?
  4. Análisis de costes directos — ¿Cuánto cuesta producirlo internamente? ¿Reactivos, equipamiento, tiempo de personal?
  5. Eficiencia: interno vs. subcontratación — ¿Es más eficiente realizarlo en el laboratorio o enviarlo a un laboratorio de referencia?

Caso práctico: Diagnóstico bioquímico de feocromocitoma y paraganglioma

Paso 1 — Necesidad clínica

El feocromocitoma y el paraganglioma (PPGL) son tumores neuroendocrinos raros originados en células cromafines de la médula suprarrenal o de los ganglios simpáticos/parasimpáticos extrasuprarrenales. Su característica esencial es la producción excesiva de catecolaminas (norepinefrina, epinefrina, dopamina), lo que genera un cuadro clínico dominado por hipertensión arterial —persistente o paroxística—, cefalea, diaforesis y palpitaciones.

Aunque su incidencia es baja (2-8 casos por millón de habitantes y año), la consecuencia de no diagnosticarlos puede ser fatal: crisis hipertensivas, infarto de miocardio o ictus. Históricamente, hasta dos tercios de los casos se diagnosticaban en la autopsia.

Dos fenómenos han aumentado su relevancia en los últimos años:

  • La generalización del estudio de incidentalomas suprarrenales (hallados en el 5-7% de las TC abdominales), en los que la exclusión de feocromocitoma es obligatoria.
  • El conocimiento de que el 35-40% de los PPGL tienen base genética (mutaciones en SDHB, SDHD, VHL, RET, NF1, entre otras), con implicaciones para el cribado familiar.

Conclusión paso 1: Existe necesidad clínica real y creciente. La demanda para el estudio de hipertensión secundaria e incidentalomas suprarrenales justifica disponer de esta prueba en el circuito diagnóstico.

Paso 2 — Estado del arte: ¿cuál es la mejor prueba?

El método de referencia actual: metanefrinas fraccionadas en suero por LC-MS/MS

Las catecolaminas (norepinefrina, epinefrina, dopamina) se secretan de forma episódica desde el tumor, lo que puede dar lugar a resultados normales en momentos asintomáticos. Las metanefrinas (normetanefrina, metanefrina) son en cambio sus metabolitos del catabolismo oxidativo intracelular, producidos de forma continua e independiente de la secreción activa. Esta es la razón fundamental por la que las guías internacionales recomiendan medir metanefrinas y no catecolaminas directas.

El método de referencia consolidado en la actualidad son las metanefrinas fraccionadas en suero medidas por LC-MS/MS (cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem):

  • Sensibilidad: 96-99% / Especificidad: 85-89%
  • Permite la cuantificación simultánea de normetanefrina, metanefrina y metoxitiramina
  • La metoxitiramina es especialmente útil para paragangliomas dopaminérgicos y vigilancia de enfermedad metastásica
  • Condición preanalítica crítica: extracción en decúbito supino 20-30 min (reduce falsos positivos por activación simpática)

Eisenhofer et al. (Endocr Rev, 2023) describen con detalle la base fisiopatológica que justifica esta elección y la superioridad diagnóstica sobre el resto de alternativas.

Las catecolaminas fraccionadas en orina: un método en desuso

Durante décadas, la determinación de catecolaminas fraccionadas en orina de 24 horas por HPLC con detección electroquímica fue el procedimiento estándar en muchos laboratorios. Sin embargo, presenta limitaciones relevantes frente al método actual:

Parámetro Catecolaminas en orina Metanefrinas en suero (LC-MS/MS)
Sensibilidad 69-92% 96-99%
Especificidad 89-95% 85-89%
Interferencias Múltiples (dieta, estrés, fármacos) Reducidas con precauciones preanalíticas
Secretores episódicos Alta tasa de falsos negativos Detecta producción continua
Estado actual En desuso Método de referencia

La propuesta de nuestro laboratorio fue precisamente implementar las catecolaminas fraccionadas en orina por HPLC con detección electroquímica, asumiendo que supondría una mejora asistencial. El análisis sistemático demuestra que no es así.

Conclusión paso 2: El método de referencia (metanefrinas fraccionadas en suero por LC-MS/MS) ofrece rendimiento diagnóstico superior. Las catecolaminas fraccionadas en orina son una alternativa técnicamente más accesible, pero con menor sensibilidad y creciente obsolescencia en las guías actuales.

Paso 3 — Practicabilidad técnica

Catecolaminas fraccionadas en orina

La implementación in situ de catecolaminas fraccionadas en orina requiere:

Requisito Descripción
Metodología HPLC con detección electroquímica (amperométrica)
Equipamiento Cromatógrafo de alta presión con detector electroquímico; columna de fase reversa específica
Proceso preanalítico Orina de 24 h con conservante ácido (HCl); acidificación, filtración y dilución antes del análisis
Tiempo analítico Proceso manual; ~2-3 h por serie; no adaptable a urgencias
Formación Técnico con formación en cromatografía y mantenimiento de detector electroquímico
Control de calidad Participación en programa externo; materiales de control para catecolaminas en orina

Aunque la complejidad es menor que la de LC-MS/MS, sigue siendo un procedimiento especializado que puede presentar problemas de practicabilidad por su baja frecuencia de uso.

Metanefrinas fraccionadas en suero por LC-MS/MS: fuera del alcance

Para completar el estudio técnico: el método de referencia (LC-MS/MS) requiere un equipo cuyo coste de adquisición oscila entre 150.000 y 250.000 €, más infraestructura de laboratorio especializada, mantenimiento anual elevado y personal con formación avanzada en espectrometría de masas. Este método está fuera del alcance técnico y económico de un laboratorio clínico de un hospital de tercer nivel, salvo que disponga de equipamiento LC-MS/MS ya amortizado para otras aplicaciones (cribado neonatal extendido, monitorización de fármacos, etc.).

Paso 4 — Análisis de costes directos

El análisis de costes se realizó sobre la actividad real del laboratorio, con un área de referencia de ~400.000 habitantes. La prueba considerada es la que se propuso implementar: catecolaminas fraccionadas en orina.

Actividad anual estimada: ~700 determinaciones.

Partida Coste unitario
Reactivos y fungibles (columnas, patrones, conservantes) ~18 €
Amortización equipamiento (HPLC + detector electroquímico) ~8 €
Personal (tiempo técnico + facultativo) ~12 €
Costes indirectos (mantenimiento, controles de calidad) ~4 €
Coste total estimado (producción interna) ~42 €
Precio laboratorio de referencia (subcontratación) 8,08 €

La relación entre el coste de producción interno y el precio de subcontratación es de 5,2×.

Paso 5 — Eficiencia: interno vs. subcontratación

Escenario Coste anual total
Producción interna (catecolaminas en orina) ~29.400 €
Subcontratación al laboratorio de referencia ~5.656 €
Ahorro por subcontratación ~23.744 €/año

Más allá del coste económico, la subcontratación ofrece una ventaja cualitativa decisiva: el laboratorio de referencia realiza metanefrinas fraccionadas en suero por LC-MS/MS, el método de elección por presentar una mayor eficiencia diagnóstica, mientras que la producción interna implicaría ofrecer un método inferior (catecolaminas en orina) a un coste cinco veces mayor.

Conclusión paso 5: La subcontratación es económicamente más eficiente para la determinación de catecolaminas fraccionadas en orina por HPLC con detección electroquímica.

¿Cuándo puede reconsiderarse la decisión?

La decisión puede reconsiderarse cuando cambien las premisas asumidas, por ejemplo si:

  1. El volumen de determinaciones supera las ~2.500-3.000/año (umbral de rentabilidad aproximado para un sistema HPLC convencional).
  2. El laboratorio ya dispone de un equipo LC-MS/MS amortizado para otras aplicaciones, lo que eliminaría la inversión en equipamiento y permitiría además ofrecer el método de elección (metanefrinas).
  3. Existe necesidad documentada de respuesta urgente (<4 h) en contextos específicos (UCI, protocolo de crisis hipertensiva), que el laboratorio de referencia no pueda cubrir.
  4. El laboratorio de referencia presenta problemas recurrentes de calidad o tiempos de entrega que afecten a la asistencia.

En ninguno de estos escenarios tiene sentido implementar catecolaminas en orina: si se da el punto 2, se implementaría directamente el método de elección.

Conclusiones

La incorporación de un nuevo procedimiento analítico no puede basarse únicamente en la demanda clínica o en la disponibilidad tecnológica. Un proceso de evaluación estructurado permite tomar decisiones informadas y justificables.

En el caso del diagnóstico bioquímico de feocromocitoma/paraganglioma, el análisis arroja un doble argumento en contra de la implementación propuesta:

  1. Argumento de calidad: El método propuesto (catecolaminas fraccionadas en orina) está en desuso y ofrece menor rendimiento diagnóstico que el método de elección actual (metanefrinas fraccionadas en suero por LC-MS/MS). Implementarlo supondría dar un paso atrás en la calidad diagnóstica.
  2. Argumento económico: Aun así, producir internamente las catecolaminas en orina cuesta ~42 €/determinación frente a los 8,08 € de subcontratación, con un sobrecoste de ~23.700 €/año sin beneficio clínico añadido.

La solución óptima es la subcontratación al laboratorio de referencia, que ofrece el método con mayor sensibilidad y especificidad diagnóstica.

El laboratorio clínico no tiene que hacerlo todo. Tiene que hacer correctamente las cosas correctas.


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